jueves, 20 de abril de 2017

Lavanda (Helynekem)

A veces para aclararse,
en esta vida imparable,
lo mejor es sentarse
y simplemente observarla;
incluso sin mirar.

(03.2017: Los días de cabeza traen dolores de viento)

jueves, 6 de abril de 2017

Sentencia (Run boy run)

Irónicamente mi justicia fue injusta:
te pasé por alto los más graves delitos,
te dejé libre y sin fianza
 y, cuando estabas fuera, fuiste tú el que me condenó.
Y eso a ningún otro se lo hubiese permitido.


(24.2.17: Fui injusta contigo, en el fondo lo sabía. E incluso, desde la distancia del tiempo y sentimientos, duele)

miércoles, 22 de marzo de 2017

Musa Euterpe

Acompañante en negras horas,
de las que si pueden jamás te dejan sola,
iluminando cada destello de vida
con tanta oscuridad como encierra una misma.

Inmaterial ilusión humana,
de distintas formas y la misma idea
hermana de una misma,
madre común a la de los poetas.

Compañera de duras travesías.
Sombra en la soledad.
Luz en la felicidad.

A veces das el aliento
que sólo nutre al alma;
haces renacer cuando creemos apagarnos.
Eterna, siempre eterna, por más allá de los siglos.

Inmaterial e inmensa
en el interior de almas apasionadas.
De distintas formas te manifiestas
aunque sólo seas símbolos en líneas
cuando eres materia.
A veces callas en fuertes silencios,
y otras te vistes de sonidos que valen por dos.

Das sentido a los pasos
que vuelan sobre la razón,
con ritmo corporal
en danzas de todo tipos.

Das sentido a las emociones
imposibles de explicar,
a los sentimientos
que en ocasiones provoca un lugar,
una persona,
la memoria.
Eres tú.

Te debemos vidas,
momentos,
la lucha inefable de los miedos,
días y noches.
Tú siempre eres acompañante.
Música, inspiradora y sanadora,
te comunicas con nuestra psiqué,
musa Euterpe.

(2014: "Me convertí en un vagabundo sin ti. A mí mismo me perdí" - https://www.youtube.com/watch?v=HJ4StQlGu3Y&index=1&list=RDEMMCYPxNFSh3qIR1-b0WmXlQ )

miércoles, 22 de febrero de 2017

El juego de quién da más.

Me confundiste. Mis armas nunca fueron las tuyas, nunca creí que la venganza fuera una respuesta de justicia contra una injusticia. Pero me abofeteaste sin mirarme, me ignoraste sin olvidarme y ni siquiera pretendía que me quisieras. Simplemente pretendía no ser extraños en apariencia, extraños que un día se leyeron el alma y se lamieron las heridas, extraños que conocen cada rasgo de nuestros rostros, cada brillo de nuestros ojos. 
Me heriste en los acuerdos de paz, lo reconozco, me quedé perdida ante el shock. Lo reconozco, no podía reconocerme. Ni siquiera me sentía defraudada, en el fondo lo esperaba, pero seguía con la esperanza de que actuaras como esperaba que en el fondo fueras. Jamás alguien me dio tanto la razón sin decirme nada. Hice bien en acabar, aunque nunca acabaste. Siempre supiste cómo presionar mi corazón y dejarlo al borde de su muerte. 
Me confundiste y ni siquiera pude verlo. Ya no sentía nada, pero sabía que tampoco me merecía eso. Me confundí, porque creía que existía la justicia en el fondo, y pensé que la venganza sería la manera de ponernos a la misma altura. Pero te diré una cosa: repetir los errores del otro nos dejaría a la misma altura, pero del suelo. Y puede que mi vida no brille de estabilidad y éxito, pero sigo donde quiero; en vanguardia, en primera línea de guerra. Siempre intentaré que mis armas jamás pretendan herir, sino sanar. Ahora es cuando comprendo que no existe juego en el que nos ganarnos el uno a otro, me libro de eso. Existe la vida, el trayecto, la lucha personal. Y nunca más podrás jugar conmigo, ni confundirme, porque hace tiempo que me retiré del juego.

(Males pasajeros: sí, caerán).